viernes, enero 29, 2010

Pequeños placeres III: Silencio

Apoyado contra la encimera de la cocina en la solitaria casa, tomo en silencio un vaso de cocacola a pequeños sorbos. El refresco burbujea en mi boca, bajo mi lengua. Me paro a pensar un instante en el sabor dulce, en la sensación de las burbujas en la punta de mi lengua. Puedo oírlas.

Puedo oírlas incluso a pesar del atronador sonido del reloj automatizado del horno, con su mecánico thuck-thuck-thuck que recuerda a un martillo hidráulico. Puedo oírlas sobre el contundente tic-tac del reloj de pared.

Cierro los ojos. Al momento, comienzo a percibir mas sonidos. El motor de la nevera. Los coches allá a lo lejos. Niños jugando, no se donde. Voces en algún otro piso, quizas una televisión, o una radio.

Son sonidos lejanos, apenas perceptibles. Quizás si me moviese, alejándome del ruido de mi cocina, podría escucharlos mejor, pero tengo la sensación de que si abro los ojos y doy un solo paso, todo este mundo de diminutos sonidos desaparecerá, llevándose la calma consigo.

Abro los ojos, doy un ultimo trago al vaso y vuelvo a mi habitación. La casa está en silencio.

2 comentarios:

Yo, alma condenada dijo...

El silencio es un placer escaso en las grandes ciudades... XD es por eso que mucho optamos por vivir fuera de ellas. Donde el silencio sólo lo rompen ocasionales pájaros y los grillos con su canto nocturno.

Deberíamos aprender a disfrutar más del silencio.

Pacuxo dijo...

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:)